El silencio de las cosas. La posición de los palillos. La monotonía de las casas. Los jardines. El cementerio a la vera de la casa. El templo escondido. El follaje de los árboles. Los colores de las flores. La cadencia de las máquinas. Melancólicas, repetitivas.
Las voces grabadas y agudas.
Los niños en formación. Su gorras de cáscara de nuez. Sus mochilas. Y los vestidos de ellas. El sudor de hombres. La vista desde el tren que serpentea por las casas. Los días grises. El no ser nadie. Alejarme por los andurriales. Sudar por lo desconocido. Verlos comer en solitario. Dormir en un rincón. Encorvados. En su pantalla. Dibujando un mapa. Trazando letras con su pluma. Sorbiendo el aisu coji. El boba. O lo que sea.
Extraño. El tamaño de las cosas. Los ángulos de las paredes. Las barras y el jolgorio callado. El pelo liso. La leve inclinación de sus cabezas. Incluso su indiferencia hacia mí. Yo deambulo y los busco. Es como ver una película muda de la que no sos parte. Como varias historias que suceden en paralelo.
Es como asistir a un evento al que uno no fue invitado. Y que eso no importe. Mirarlos. Ser mirada de reojo. Admirar la elegancia de ella. Lo esbelto de sus cuerpos. La forma de sus músculos.
Se escurren. Se escapan. Se ocultan bajo un manto. Yo busco y deambulo. El margen de las cosas. Allí donde algo termina y empieza otra. Donde ser extranjero es la norma, el lenguaje obsoleto. Las palabras desechadas. Solo gestos. Las miradas. Las arrugas de la frente. El lenguaje de frontera.
La extranjería extrema.
Increible este póema en prosa. Conmovedor.
¡Gracias!
Leerte es visualizar un mundo del q tenemos mucho que aprender !
¡Gracias! Hago lo que puedo.