Balance de lecturas próximas y los libros como refugio ante aquello que espeluzna. La vulgaridad, el maltrato, las malas formas. Escapar del algoritmo es posible.
Tabla de contenidos
Algunas lecturas
Salvo por los árboles, las azaleas, las sonrisas de los niños, los momentos en familia, los chismorreos frívolos que uno comenta y escucha, no parece que podemos ser muy optimistas con lo que vemos fuera. Vulgaridad, pobreza, guerra, ostentación, desigualdad.
Una idea que subyace en todo este debate público, es que la democracia ya no es tan necesaria como el buen desempeño económico de los países.
No lo juzgo. Nadie quiere vivir en la miseria.
Ver países que están sacando a miles de personas de la pobreza más absoluta, en marcos poco democráticos, es un escenario que ya hemos visto varias veces. También es un debate viejo: ¿Cómo reconciliamos la economía con la democracia?
Quizás pedimos algo muy sofisticado, porque la democracia es algo tan complejo que requiere no estar ocupado pasando necesidades básicas.
Es como si esa misma demanda fuera un lujo de clases acomodadas y educadas que, una vez satisfechas sus necesidades más básicas, buscan comer caviar, pez globo o carne de Kobe. Quizás me estoy volviendo frívola.
Tenemos la opción de ver menos. Apagar aquellos altavoces que ya nacen medio manipulados. Los libros son el verdadero anti algoritmo. El papel como rebelión contra aquello que nos marea. También el sueño.
O los sueños.
Y me encuentro tres libros en el camino. De ellos hablaré en breve. Porque con cada uno transito algo diferente. Me refiero a Vendrán a detenerme en medio de la noche (Asteroide, 2024) de Tahir Hamut Izgil, poeta uygur que cuenta su periplo desde su tierra natal en China y la creciente persecución que sufre hasta que logra escapar. El segundo es Leer es vivir. El entusiasmo en la literatura (Niña loba, 2025) de Jorge Morcillo que me está paseando por libros queridos y otros por descubrir y, por último, Por qué la IA está debilitando la democracia y qué hacer al respecto de Mark Coeckelbergh (Cátedra, 2025).

La historia de un poeta uigur y las memorias lectoras de Jorge Morcillo. Pronto, hablaré de ellos.
Hay vasos comunicantes. Diversas formas de encarar el asunto.
En el medio, Tokio se presenta medio onírica, segura. Sigilosa. Y llena de sombras. Mi hijo dice que hay fantasmas en Japón. Son las ramas de los árboles. La luz. La belleza siempre es melancólica acá.
Los blogs y los algoritmos
El mes que viene este espacio cumple 13 años. Muchas veces estuve a punto de cerrarlo porque veía que había más interacción y movimiento en las redes sociales.
Sin embargo, por alguna razón, lo mantuve con periodicidad. Tiene algo de estático que hace que me sea placentero estar aquí. Uno se puede recostar tranquilamente sin que le achuchen con notificaciones. No soy esclava. Nada es endeble. En cambio, en las redes sociales todo es vistoso y frágil. Los elogios, las rabias, todo es fugaz. El espacio del blog, sin embargo, tiene otro rumbo: se construye de a poco.
Hay algo en la espera que es extraño. No es siempre agradable pero, al final, las cosas toman otra dimensión. A mi me matan bastante, me quitan el sueño. Me generan temblor de manos. Agitación de mis párpados.
Patience
They stare:
The sun at the earth
Lightning at a tree
A tiger at a gazelle
The night at the day
Time at the river
God at man
A gun at the chest
This, then, is patience
Undefeated, merciless, eternal (*)
Ser independiente hoy en día
Las redes ponen el foco en comunicar, no en crear. Comunicar tiene mucho de seducción, de mirada hacia afuera. La creación es otra cosa. Y existen alternativas con ese espíritu, como este espacio, GondwanaTalks o 142 revista cultural. Lugares, como muchos otros, que están ahí siempre presentes, aportando algo, pero a una distancia prudente del candelero. Son gente más bien anónima, que cuida lo que hace. Construye algo sólido.
A menudo los que se denominan medios independientes abonan la idea de que no tener sponsor ni publicidad, sustentándose en suscripciones es una forma de ser independientes.
Lo entiendo, porque de algo hay que vivir. Todos dependemos de algo, pero tampoco son medios independientes. El público es su amo, ellos los esclavos. Y ese público puede ser despótico y caprichoso como el medio más tradicional.
El más independiente es el que sigue su instinto, quiere buscar la verdad, la belleza. O lo que sea. Si sos esclavo de las suscripciones, no eres libre. No lo juzgo pero no puedo suponer la sapiencia del público. Más bien las hordas llamadas público las imagino apabullantes, reactivas, como una turba que en cualquier momento puede destrozarlo todo.
Quizás la única manera de ser libre, sea ser completamente irrelevante.
(*)Izgil, Tahir Hamut. Waiting to be arrested at Night. Vintage. 2023 (p.99) En español, es traducción de Catalina Martínez Muñoz
Paciencia
Observan
el sol, a la tierra
el rayo, a un árbol
el tigre, a una gacela
la noche, al día
el tiempo, a un río
Dios, al hombre
el arma, a un torso
Esto es la paciencia,
invencible, implacable, eterna
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