Sobre los viajes y las vueltas a propósito de la poesía y ese camino para decir lo que no se puede nombrar.
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Sobre la paradoja de volver
Dice Mario Montalbetti (1) que el poema te lleva de viaje y que es la vuelta la que define al poema. Te devuelve a un lugar distinto. A un punto que ya no es de partida. Qué idea más linda la de volver a un lugar nuevo.
Como cuando uno regresa a las bibliotecas familiares y siempre es una distinta. Abro una página al azar. Son los poetas chinos de la dinastía Tang, hay uno que se llama Li Po que toma vino sin parar, escribe poemas que luego arroja al río. En uno leo «los verdes montes que se tornan plomizos y las nubes oscuridad «pliegue a pliegue»(2).
Algo siempre del poema está en los silencios. Lo que no se puede decir son los misterios. Y este asunto me obsesiona. ¿Cómo hacemos cuando se nos acaba la lengua? Hay algo estático acerca de la lengua, sus usos y sus mandatos. Nos constriñe. Nos legisla todo el rato. Ordena la sociedad en la que vivimos, pero a veces necesitamos escapar de eso.
La máquina es pura lengua, o mejor dicho, su único lenguaje es la lengua. Qué prisión más tremenda. Creo que ahí radica su debilidad. Mientras no haya lenguaje más allá de la lengua, no hay poesía. Es el misterio del cuerpo que crea silencios que van más allá de la lengua. De esos misterios, uno querría decir algo siempre. Uno de ellos es ver a Japón surgir de la nada. Como una flor en el desierto: ¿de dónde sale? ¿quién la regó?
De la nada siempre emerge la cultura
En Tokio no hay pasado y, en realidad, está todo el rato. Es como si el espacio, mil veces reconstruido tuviera una misma fuerza. Acá han pasado guerras, terremotos, tsunamis. Se construye desde cero y, aun así, siempre surge algo muy propio. Es la disposición de las cosas, los materiales, el tiempo.
Lo que no se puede decir, es ese camino de vuelta a un nuevo lugar.
De estas paradojas de la lengua pienso mientras cruzo el puente de Nihonbashi. Allí, se puede ver parte del Japón más tradicional. Yo hago caligrafía en una tienda de washipaper y tintas, pero aquello fue una vieja tienda de fabricación de algodón y luego papel moneda. Qué belleza esos billetes, la caligrafía de los libros contables. Hablo con una chica coreana que está exponiendo su obra. Lleva diez años. Dice que es católica y aquellos textos son religiosos. Nunca pensé que iba a conocer a una artista católica coreana.


Sobre el dinero y la belleza en Japón
Y me acordé de mis clases de caligrafía y mis clases de contabilidad en el colegio. Siempre los contables debían ser buenos calígrafos. Yo recuerdo llenar esos libros mayores calculando rodados y haciendo remitos y pagarés. Esa corporalidad del dinero y las transacciones estaba presente en lo cotidiano. Los sellos, la tinta, los números y letras. Todo eso se perdió, supongo. También la gente que trabajaba en los registros civiles y debían rellenar las actas de bautismo, nacimiento, matrimonio. Uno piensa en esos trabajos aburridos y no se imagina que, en realidad, medio que estaban dibujando letras todo el día. No estaba del todo mal ¿no?
No es casualidad que en Nihonbashi esté el Bank of Japan y el Currency Museum, lugares que no me canso de recomendar. Siempre la belleza ha estado cerca del poder. Sigue siendo algo tan atractivo y los escritores y artistas tan débiles y endebles ante él, que me da escalofríos de solo pensarlo.
Nada más ñoño y blando que un poeta.
Son frágiles. Porque quieren crear. Y verlo todo. Apreciar y crear belleza y también pasarla bien porque así son. Sin embargo, hay que comer (el cuerpo, otra vez como asunto crucial en la economía). Y esa corrupción es tan grande cuando abarca a un artista y, sin embargo, qué difícil mantenerse al margen. Crear lejos del poder. Si hasta se han apropiado de hermosas palabras como “margen”, “independencia”. Nos quieren robar la rebeldía, quizás.
Cruzo ahora bajo tierra. Hace un calor de muerte. El subte es mi refugio. Y ya estoy pensando en lo chiquito, lo banal. ¿cómo saldrá aquella letra bajo el tapete, la piedra y el papel?
Fuentes:
Montalbetti, Mario. ¿Por qué es tan difícil leer un poema? Malba Literatura. 2025
Poetas chinos de la dinastía Tang. Colección Visor Poesía. 2011
» La primera vivía en Mar del Plata y yo jugaba en su tintorería. «…