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Silvia Zuleta Romano

Sobre el oficio de escribir, el capitalismo y otras hierbas

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Japón y los desaparecidos

Silvia Zuleta · 26 marzo, 2026 · Deja un comentario

Hoy hablo de los jōhatsu y los hikikomori en Japón a raíz del recuerdo de los 50 años del golpe de Estado en Argentina y de lo que significa desaparecer.

Tabla de contenidos

  • Los nikkei desaparecidos en Argentina
  • El Japón de hoy
  • Evaporarse en Japón
  • El Japón irreal
  • Gran silencio en Tokio
  • Para leer más

Los nikkei desaparecidos en Argentina

Poco se puede agregar a la extenso material que se está compartiendo en estos días a 50 años del último golpe militar en Argentina. Hay cosas de mucho valor y también mucha literatura que a uno se le pasó, porque es tanto lo que hay que saber que a veces necesitamos dosificar, en especial para no sufrir.

Solo quiero apuntar algunas cosas interesantes sobre la relación de Japón con los desaparecidos porque, justo hace poquísimos días, fallecía María Takara de Oshiro, madre de Jorge Eduardo Oshiro, uno de los 17 nikkeis[1], Madre de Plaza de Mayo y japonesa. Sabemos poco de los argentinos descendientes de japoneses desaparecidos durante la última dictadura, pero se han hecho algunas cosas interesantes que me gustaría compartir.

Silencio roto. 16 nikkeis de Pablo Moyano es un documental que narra la historia de estos argentinos descendientes de japoneses que fueron desaparecidos. Es interesante recordar que al silencio que imperaba durante la dictadura argentina se sumó el silencio de los japoneses que se sintieron abandonados por su propio país. Para Japón no eran ciudadanos japoneses y tampoco había interés por parte del gobierno japonés de inmiscuirse en asuntos de otros Estados.

Documental sobre los 16 nikkeis desaparecidos en Argentina.

Me gustó poder acercarme más el alma japonesa en un contexto como el de la Argentina de la dictadura. También hay una entrevista a los familiares que participaron del documental en donde narran cómo vivieron esos días y cómo lucharon y siguen luchando por saber la verdad. Me impactó el contraste entre lo que uno acostumbra a ver y los testimonios tan valiosos, porque viviendo en Japón te llevas una imagen algo distinta: uno ve que muchos japoneses son extremadamente respetuosos con la autoridad, poco conectados con la realidad social, política, no muy gregarios, algo ingenuos, amables, muy conservadores. No estoy generalizando, es lo que me toca vivir que sigue siendo un recorte de la realidad que no elijo. Estos nikkeis son cañeros, aguerridos, fuertes, luchadores, con un alma proletaria que cree en la justicia social. Y me alegra conocer esa faceta de los japoneses, una generación que tenía otros países como referentes (¿ahora tenemos algun referente interesante donde apoyarnos o tendremos que inventarlo como una utopía bonita que nos acompañe en el camino?).

El Japón de hoy

Lamentablemente me toca vivir un Japón y una época bastante alejada de cualquier tipo de ideal democrático, pacifista, proletario. Cuando llegué, leí la literatura proletaria de Denji Juroshima y otros[2] así como la lectura de autoras bastante cañeras como Taeko Kono con una visión de la maternidad, el cuerpo, la muerte bastante particular (siempre recomiendo sus cuentos Cacería de niños (La bestia equilátera, 2022), o la más contemporánea Miri Yui que en su Tokio, estación de Ueno (Impedimenta, 2022), el protagonista también es alguien que elije desaparecer. También me sumergí en la “literatura del apartamiento” o de aquellos escritores que se retiran y escriben desde el aislamiento. Murasaki, Nijō, Kenko Yoshida, etc. y muchos otros más. Es decir, me construí un Japón propio. Particular, alejado completamente del que habito a diario. En donde desaparecer tiene otra connotación.

Evaporarse en Japón

Hay una cosa interesante. Vengo de un país en donde la identidad es un derecho. En donde la palabra desaparecido es una tragedia.

En Japón, el acto de desaparecer tiene otras implicancias. Miles de personas deciden desaparecer. Otras tantas deciden no salir de casa nunca más. Existen asociaciones que se dedican exclusivamente a poder reinsertar a este colectivo. En esta entrevista que hice a Teytto Saito, un exhikikomori que empezó a escribir y publicar en rumano, pude entender cómo piensan estas personas. Se estima que hay más de un millon y medio de personas que han decidido dejar de salir a la calle segun los datos del Cabinet Office. Alguien que decide aislarse es alguien que sueña con un mundo diferente. Es alguien que escapa de algo como Nijō que sueña con irse a las montañas. Solo viviendo en Japón es posible darse cuenta de la gravedad, la profundidad y la empatía que despiertan estas personas. Muchos piensan: qué loco que alguien quiera desaparecer. Muchos creen que es de dementes y desesperados. Cosas de gente marginal. La percepción sobre este fenómeno cambia cuando vivís acá una temporada: podés entenderlo perfectamente. Hay algo en esta forma de vida que invita a evaporarse. Es una pulsión muy fuerte para aquellos que quizás no encajan en lo que la sociedad espera de ellos.

Es el sistema, es la jerarquía, es el capitalismo, la presión social, la familia, la empresa. Es todo eso junto. Me viene a la mente el loco de Resurrección, la obra de Tolstói.

Nunca he sentido tanta empatía y conmoción que leyendo dos novelas que retratan a la perfección esas ansias de irse a otro mundo, o romper con él como Out de Natsuo Kirino sobre la vida de las trabajadoras de la fábrica de bento que se dedican a descuartizar cuerpos para la yakuza e Indigno de ser humano de Osamu Dazai en donde el protagonista quiere desaparecer desde que empieza a tener algo de vida social.

Ahora las cosas son diferentes. El que quiere desaparecer tiene dos alternativas: se aisla en su casa o se evapora. Los jōhatsu (蒸発) quieren dejar todo atrás incluso su nombre. Ellos no se tonsuran y se van a las montañas a rezar. No se lanzan a los caminos a escribir o vagar. No, el sistema no permite que eso suceda. Aquellos desaparecidos del sistema reivindican su derecho a serlo. De hecho, existen empresas de mudanzas especializadas en desapariciones. La policía no insiste en las búsquedas. La privacidad es un derecho fuerte.

El Japón irreal

Es interesante que cuando hablás con la gente que está en Japón como yo, te das cuenta de que vivimos un país diferente. Habitamos los mismos espacios y tiempos y, sin embargo, vemos un Japón diferente. A través de la literatura y el cine me he construido un Japón a mi medida que poco tiene que ver con el Japón que transito día a día.

Qué fantasías más lejanas con las que me entrego cuando abro las páginas de estos libros maravillosos. Outsiders, proletarios, hikikomoris, monjes, yōkai, damas de la corte imperial.

 ¿A dónde anda toda esa gente?

El Japón que habito es un Japón gris. Homogéneo. Ahora me veo rodeada de NPC, como dicen mis hijos, y jóvenes que no les interesa nada, que están despegados de lo que pasa más allá de la isla y que se fascinan con discursos como el de la primera ministra Sanae Takaichi. Por el lado, expatriado y occidental, no están las cosas mejor. Amas de casas. Hombres “ocupados e interesantes” que se entretienen entre ellos hablando de política y dinero.

No hay mucho más.

Hay una mezcla de apatía y pensamiento reaccionario(*) que lo inunda todo. Me pregunto todos los días cuál es el verdadero Japón.

Yo digo que es la contradicción constante. Es la afirmación y su contrario. La belleza de las cosas, del arte, de la cocina, de la caligrafía. Y es también ese militarismo, ese amor por las jerarquías, el orden, la limpieza, el individualismo.

¿Qué es Japón?, me pregunto.

Hoy es un día gris y lluvioso, pero también muy bello porque destacan las flores de los cerezos que ya están abriéndose. Está terminando el año escolar. Las calles están vacías. Salgo a correr por Shinagawa, recorro viejos paseos de compra medio abandonados. Las tiendas cerradas. El comercio pequeño que desaparece. Poca gente camina por la calle. Quizás algunos se han visto ahogados por las deudas. Se han ido. La gente se evapora. Los pueblos quedan vacíos.

Los turistas pierden el tiempo en Shibuya. Para mí este Tokio semi vacio y abandonado es el verdadero Tokio. El Japón que se retira y deja un escenario ya viejo y descascarado. Es el país que me atrae con sus canales melancólicos y sus puentes de colores.

A mí me gusta la Tokio vacía. Un callejón de Shinagawa. Por donde me pierdo corriendo.

Por momentos, parece que siempre es domingo. Contemplar se transforma en este país en una necesidad y una obligación. Y el contraste entre el Japón de la vida diaria y los libros es pasmoso.  

Volviendo a los nikkei argentinos, les dejo el enlace a la historieta que acaba de publicarse en conmemoración de los 50 años el golpe de estado en Argentina sobre el único poeta nikkei desaparecido Hirogi Juan Carlos Higa Akamine escrita por Julián Axat. Ahí les dejo una de sus poesías.

Para quedarme en todos

Si yo me llamara Juan ternura

qué distinto sería todo…

dejaría de ser yo para ser todos

un gol de media cancha entre los pibes

una ternura abierta entre palomas

un corazón al sol

y un algo infalible

cubriendo la mañana.

Sin embargo, soy Juan Carlos apenas

y no me alcanza para quedarme

en todos.

*

Gran silencio en Tokio

Representantes diplomáticos de la UE se acercaron al Parque de la Memoria para rendir homenaje por los desaparecidos. No hubo presencia oficial. No me voy a detener ni un minuto. La sociedad civil no los necesita. Y hemos podido ver mucha gente en las calles de Buenos Aires y de todo el país. En esa línea, no nos extraña nada que reine el silencio en Tokio. En Japón, nadie los recuerda.

Al menos que sepamos.

Mi homenaje es pensar en ellos. En todos.

NUNCA MÁS

Me vuelvo a Confesiones de la dama Nijō (Satori, 2024). Ella sueña como yo con «aprender a comprender lo que siente el rocío sobre las flores del campo».


[1] Son 17 en realidad. Aquí lo que se sabe: Norma Inés Matsuyama, Amelia Ana Higa, Katsuya “Cacho” Higa, Juan Carlos Higa, Carlos Alberto Cardozo Higa, Carlos Aníbal Nakandakare, Emilio Yoshimiya, Carlos Eduardo Ishikawa, Luis Esteban Matsuyama, Oscar Takashi Ohshiro, Juan Takara, Juan Alberto Asato, Ricardo Dakuyaku, Carlos Horacio Gushiken, Julio Eduardo Gushiken y Jorge Nakamura.

[2] Recomiendo la antología de literatura proletaria Bajo un cielo oscuro cargado de nieve editado por También el caracol. También de la misma editorial está el excelente libro Calle militarizadas de Denji Kuroshima.

(*) ACTUALIZACIÓN En los ultimos días se han podido ver algunas manifestaciones en Tokio en contra de la guerra en Irán y en contra de política de la primera ministra. Se estima que más de 24.000 personas se manifestaron bajo la lluvia frente a la Dieta el último 25 de marzo para protestar contra la reforma del artículo 9 de la Constitución. Y a estas horas, la gente está empezando a salir a la calle en Seul.

Para leer más

  • Adachi: entre la mala fama y las huellas de Bashō
  • Mitaka, el barrio de Osamu Dazai
  • Notes on Hiroshima
  • La biblioteca de la Dieta en Tokio y lo inquietante
  • Japón y los desaparecidos

Publicado en: Japón, La guarida de ficción Etiquetado como: Japon, literatura japonesa, literatura rumana, Murasaki, Osamu Dazai

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