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Silvia Zuleta Romano

Sobre el oficio de escribir, el capitalismo y otras hierbas

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Japón y el realismo capitalista

Silvia Zuleta · 28 abril, 2024 · 3 comentarios

Quedan todavía espacios fuera del mercado en donde no es posible medir lo que valen las cosas. El parque, el templo, la biblioteca. De eso hablo hoy y de cómo el realismo capitalista, tal como lo planteó Mark Fisher, parece la única alternativa en Japón.

Tabla de contenidos

  • Espacios de consumo y espacios de libertad
  • Burocracia y capitalismo en Japón
  • Correr en Japón
  • Sobre querer las cosas
  • Para leer más

Espacios de consumo y espacios de libertad

En mis recorridas por Tokio noto dos mundos divididos por la presencia del turismo o la vida cotidiana. Me alejo de la zona expatriada porque allí todo se homogeniza. Paso por Starbucks, Dean and DeLuca, los árboles del río Meguro. Y en ese recorrido se van reduciendo los espacios de libertad. El mercado es normativo por naturaleza. Todo se homogeniza cuando hablamos del dinero. Cuando estudiaba Economía, esto era muy importante: poder darle valor a las cosas. Medimos para poder consumir y producir.

Sin embargo, en las esferas más privadas en las que el mercado se diluye, todo se vuelve más confuso. ¿Quién hace qué? Y esa frontera entre las tareas que hace cada uno está mediatizada por el amor. Si lo hago con amor, ¿es trabajo? Ya hablé de estas cosas, pero siempre están presentes. No es casualidad que el mundo de los cuidados y de la cultura lleguen tarde siempre a esto de cuantificar, nombrar, visibilizar. Y menos casual es que sean tareas realizadas en su mayoría por mujeres y no estén muy bien pagadas. La economía feminista se ha encargado de sistematizar estos debates.

En Japón me escapo a otros barrios. Y exploro algunos espacios públicos que no requieren de consumo monetario. En general, son espacios de libertad y de encuentro de diversas clases sociales. Un ejemplo, los parques en donde veo a mi hijo jugar al fútbol con gente de cualquier país. Apenas hablan, pero interactúan con un lenguaje común: la pelota. Yo leo y veo cómo cambian los árboles, hay una floración más tardía y en Tokio es lindo ver las flores crecer en cualquier momento del año.

Mis clases de japonés son otro espacio de libertad. No hay mercado, solo voluntariado y encuentro de personas que no están reunidas para consumir. Otra vez son las mujeres las que enseñan. Cuando me acerco a la biblioteca también disfruto del silencio. El acceso a la cultura no requiere de que yo abra la billetera. También ahí me siento a estudiar japonés. Nadie me dice que me tengo que ir si no consumo. Yo observo a la gente. En general, veo pocos jóvenes en las bibliotecas de Tokio, más bien gente mayor. Muchos leen el diario, a otros los veo escribir. Hay una cosa que me sorprende: el espacio dedicado a las guías telefónicas. Y me acuerdo de mi infancia cuando nos las pasábamos leyendo esas listas y a veces para molestar llamábamos a alguien. También en este caso las bibliotecarias son mujeres.

Fuera de estos espacios de NO consumo, todo parece haberse uniformado: desde el bombón Lindt, la ropa de Balenciaga, hasta la bebida de Starbucks. Decía Mark Fisher que este capitalismo le hacía recordar a la Unión Soviética. Consumir es uniformarnos. Vamos a los mismos lugares. Consumimos lo mismo. Juegan con la retórica de las palabras. Nos venden individualidad.

Pero, en realidad, nada más colectivista que el consumo.

Burocracia y capitalismo en Japón

Cuando empecé a leer Realismo capitalista, no sabía si su vigencia iba a resultar intacta. A veces los libros o las ideas envejecen. Sin embargo, me recordó cosas muy actuales que se intensifican en Japón en su amalgama con la cultura americana. Me refiero a su amor por los protocolos, a la distancia física, al uso de la estética con fines de lucro. Lo extremadamente procedimental de las relaciones. La rendición de cuentas, que no es otra cosa que la excesiva elaboración de informes y handbooks. Manuales de uso e indicaciones. Se regula hasta el aspecto más nimio. Es el mundo de las jerarquías de empresa llevado a todos los ámbitos de interacción social.

Hay una cosa que me sorprende de Japón. El procedimiento y el protocolo está por encima de la relación entre las personas. El otro día llegué a un bar y me senté. No esperé a que me limpiaran la mesa. Parece que eso es un grave error. Me hicieron levantar. Soy un cliente, pero era muy importante esperar fuera y no dentro. Sin embargo, está vacía la mesa. Incluso un acto tan nimio como ir a comer, tiene “una forma de hacer las cosas”. Ya conté hace tiempo que me echaron de un restaurant por no hablar japonés. Por supuesto, no me ofendo. Pienso que es parte de lo mismo. Si no pueden establecer una regulación o un protocolo sobre cómo actuar con un extranjero, prefieren no asumir esa incertidumbre.

En el colegio de mi hija, en donde impera la cultura anglosajona, todo parece funcionar a través de deadlines y handbooks. Se explican hasta aspectos tan elementales como “preste atención a lo que dice su hijo”, “apague el móvil en una reunión”. Los tiempos están milimetrados en cualquier tipo de encuentro y nada se sale del guión.

Mark Fisher relató el estado de la educación de su tiempo, él vivía en Reino Unido pero la mayoría de sus inquietudes las podemos ver en muchos países que han visto importar formas del mundo anglosajón.  En especial, en áreas tan delicadas como la salud y la educación.

Los médicos no miran a los ojos. No te cuentan qué tienes. Solo escriben recetas y parecen molestos con las preguntas. Se escudan en la pantalla y las gráficas.

Me dicen que falta dinero. Yo contesto: siempre falta dinero. Creo que hay algo más. Las relaciones humanas de cuidados son complejas. Lidiar con pacientes y alumnos es engorroso. Ni hablar con sus padres. Nadie quiere soportar ese contacto humano porque somos cuerpos con necesidades.

En ese sentido, la máquina elimina ese problema. El protocolo aleja los cuerpos. Desconecta. Aisla. Evita el conflicto. El problema es que muchas veces no soluciona los problemas, y otras veces, los crea. Por supuesto, le otorgo a la tecnología todas las ventajas de las que soy parte y fomento. Pero cuando hablamos de ámbitos como salud y educación, hostelería, sectores que tienen que ver con el trato, ¿en qué medida ese trabajador está también perdiendo libertad? ¿No es ese protocolo una forma de control jerárquico?

Correr en Japón

Cuando corro y escapo de ese inamovible framing al que me obliga el mercado, es maravilloso porque esta es una ciudad hermosa y uno se siente libre cuando suda y está en movimiento. No me extraña que en Japón haya tanta afición al running, ves a viejos corriendo a cualquier hora. «Con un calzado adecuado y un camino que cumpla unas mínimas condiciones, uno pude correr cuanto y cuando quiera.», nos cuenta Murakami[2].

Tokio cumple con creces esta premisa.

Una mujer puede correr por cualquier barrio y no hay peligro. Correr es una forma de libertad. Y también de escapar de esas normas que resultan tan pesadas.

Fudo Mae es una zona algo cercana a Meguro Station. Hay callejones y escaleras que llevan a cementerios, en realidad, son lápidas que conviven con adosados. Hay silencio y hay hombres trabajando. Los jardineros quitan la maleza. Hay un aroma a flores que es tan suave que parece puesto a propósito. Y de pronto me topo con unos árboles enormes y frondosos que me recuerdan a mis gomeros. Y hay yuyos y por entre las hojas que se mecen, descubro un gran Buda de metal. Hundido en otra dimensión está este reducto. Recorro el perímetro de este templo. Prendo unos inciensos. Estos templos callados y escondidos en medio de la ciudad también son lugares lejos del mercado. Espacios de encuentro, pero de soledad y silencio.

Corriendo encontrás rincones hermosos. El espacio público se cuida como el espacio privado.

Sobre querer las cosas

Ya dije en Una utopía que acabe con el deseo que el meollo de la cuestión está ahí: en que no podemos ni siquiera nombrar a una sociedad sin deseo.

No podemos imaginarla y, en esa falta de imaginación, de la que también habla Fisher, debemos plantearnos qué lugar queremos que juegue la tecnología en la construcción de una utopía. Hay una idea que subyace que me deja un poco pensativa:

Y es evidente que este retorno sería posible solo si se satisface una de dos condiciones: un apocalipsis tecnosocial o un retorno del autoritarismo. ¿De qué otra manera disolver la pulsión? Y si el equilibrio primitivista no es lo que queremos, fundamentalmente tendríamos que poder articular qué es lo que queremos, lo que equivaldría a desarticular el meollo que el capital forma con el deseo y la tecnología de consumo.[1]

Mark Fisher. Realismo capitalista

De alguna manera, me está diciendo que las únicas dos alternativas posibles a este sistema capitalista son la dictadura o el olvido. Dos escenarios que nadie desea, al menos en los papeles. Sin embargo, tampoco concibo un panorama de retroceso tecnológico.

Me viene a la cabeza la novela de Ishiguro Katsuo El gigante dormido en donde un pueblo empieza a perder la memoria después de un período de guerra. ¿Está Japón por ese camino? ¿Estamos en Latinoamérica o en Europa ensayando senderos de autoritarismo como única respuesta a un mundo mejor?

Lamentablemente, quienes logran tener poder no pueden pensar en utopías. Siempre en sus cabezas pequeñas hay una idea de retorno al pasado. No sé qué pasado imaginan. Yo prefiero imaginar futuros (que también es una forma de dialogar con el pasado).

Pero, ¿dónde está la juventud, los artistas, los pensadores? O quizás la gente común pensando. Yo sé que están y esa es la paradoja. La necesidad de libertad para crear mundos posibles necesariamente va a aparejada a mantenerse lejos del poder, de las esferas de influencia.

Y entonces, ¿cómo hacemos?


[1] Fisher Mark. Realismo capitalista ¿no hay alternativa? Caja negra. 2019

[2] Murakami, Haruki. De qué hablo cuando hablo de correr. 1017. Tusquets.

Para leer más

  • Una mirada ciudadana sobre la inteligencia artificial y la diversidad cultural
  • Sobre la irrelevancia para ser libres
  • Tettyo Saito: a conversation with the first Japanese writer who writes in Romanian
  • Tettyo Saito: conversación con el primer escritor japonés que escribe en rumano
  • Japan and capitalist realism

Publicado en: El canguro filósofo, Japón Etiquetado como: Japón, Mark Fisher, Murakami, realismo capitalista

¡Gracias por compartirlo!

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. iz dice

    29 abril, 2024 a las 06:27

    Me encanta esta frase: Prefiero imaginar futuros (que también es una forma de dialogar con el pasado).

    Responder
    • Silvia Zuleta dice

      29 abril, 2024 a las 07:03

      En eso estamos. Más entretenido me parece.

      Responder
  2. Sergio dice

    27 enero, 2025 a las 01:44

    Si el oficio de escribir es hacer vivir a otros otras vidas, tener otros recuerdos, hacerles sentir cosas que no le están sucediendo, yo corrí por pasillos angostos en Fudo Mae y también sentí el ser ajeno al protocolo Japonés.
    Quizá no esté hablando de la filosofía y reflexiones que dejaste en el texto, pero me llevo algo muy lindo de lo que leí….
    😀

    Responder

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