Cada vez más, vemos grandes debates sobre la tecnología en la que la democracia como asunto está ausente. Mientras tanto, miles de personas callan porque son vigiladas gracias a la inteligencia artificial. Hoy refloto un viejo término ya pasado de moda: la diversidad cultural.
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Leer los silencios
Siempre que hay un tema en el candelero, me pongo a pensar no tanto en lo que se está diciendo y debatiendo, sino en aquello que se está callando.
¿Cuál es el silencio más evidente en torno a la inteligencia artificial? Uno posible es la poca atención que se le está prestando desde las distintas esferas públicas de debate, al asunto de la diversidad cultural (ahora llamada la diversidad de las expresiones culturales).
Me dirán. Sé le están prestando. Y me podrán citar simposios y encuentros. Quizás es así, pero no estaría llegando al ciudadano. Vemos cada vez más debates a puerta cerrada, en especial, en torno a la tecnología. Y ya desde diferentes esferas se está reclamando no dejar fuera de la conversación al ciudadano de a pie.
Esto pedían voces como la de Damini Satija hace unos días, directora de Amnesty Tech, la división de tecnología de Amnesty Internacional, que se acercó a la Cumbre mundial de la Inteligencia artificial que reúne en París a los principales gigantes tecnológicos y países para discutir una respuesta europea a la cuestión de la IA. Hace unos días decía:
“Aunque Francia ha realizado una importante tarea al acoger la Cumbre, la participación de la sociedad civil y los activistas de derechos humanos en la agenda principal es totalmente insuficiente. No se ha dado prioridad a la asignación de los recursos necesarios para garantizar un diálogo colaborativo con representantes de la mayoría global, comunidades afectadas y activistas de derechos humanos.” (Fuente: Amnistía International)
Monopolios y diversidad cultural
Hay una cuestión semántica interesante. Ya poca gente habla de big data. Todos hablan de IA. En la misma elección de las palabras hay una intención. Porque el verdadero problema de la IA, no es la IA en sí (hay iniciativas hermosas como la de Come en casa Borges, un app que te permite consultar el Borges de Bioy, una obra descatalogada en español y que es una joya.[1]) sino lo que supone el big data y el manejo de las grandes montañas de información en pocas manos.
De esto ya alertaba hace tiempo, no yo, sino los expertos que ven con preocupación cómo los monopolios pueden ser una clara señal de erosión de la democracia.
El cambio tecnológico es tan acelerado, que no es ilógico pensar que la forma más eficiente de gestionar un bien o un servicio es una estructura jerárquica que sustituya mecanismos democráticos, lentos e imperfectos. Es la lógica que había detrás de los viejos monopolios naturales. O lo que Williamson y Coase llamaban costes de transacción[2].
Abogados de los despachos hablando de cultura
No quiero entrar acá analizar qué es la diversidad cultural. Ya lo dijo la UNESCO hace tiempo cuando decidió que, a instancias de Francia y Canadá, había que pelear por un mundo más diverso y que para ello, había que considerar el doble significado de los bienes culturales, como bienes económicos y simbólicos. Tampoco vamos a debatir si Francia pelea por la diversidad cultural o si, en realidad, tiene una creciente preocupación de que el francés no lidere los rankings de lenguas que alimentan los sistemas de inteligencia artificial.[3]
Así se demostró en el encuentro del pasado octubre L’intelligence artificielle en debats en la ponencia Inteligencia artificial y cultura[4] que se expuso en el evento organizado por el Institut Français y la Embajada de Francia en Japón en donde se expusieron los dilemas a los que se enfrenta la UE a la hora de regular la IA. Pero mas allá de los tecnicismos jurídicos que no interesarán al ciudadano medio, hay algo interesante para destacar. Parece más que evidente hacia dónde van las tornas: Macron decide que quiere que lo asesoren en materia de cultura abogados expertos en propiedad intelectual que confiesan abiertamente no saber nada de economía y que declaran que los derechos de autor, incentivan la creación. Nadie en la sala dijo nada, porque los japoneses son muy respetuosos, y quizás desconocen la realidad de la creación cultural, en especial, en países en donde los derechos de autor no mueven la aguja de nadie. Les recomendaría a los abogados que leyeran Los misterios de la creación artística de Stefan Sweig.
Pero yendo a los datos concretos, según la OCDE publicados en El economista, “después del inglés, en el que se encuentran 57% de los datasets, el chino es la segunda lengua con una mayor cantidad de estos conjuntos, con 6%. Le siguen el ruso y el francés, ambos con 3%, y, al igual que en el caso del coreano, el alemán y el japonés, sólo 2% de los sets para entrenar modelos de Inteligencia Artificial está en español.”[5] Es llamativo, sin embargo, que tampoco tengamos datos fiables.
Japón y la diversidad cultural: una asignatura pendiente
Y en esto quiero volver a Japón. La preponderancia de la lengua japonesa es tan pasmosa que poco sabemos de minorías en Japón. Por suerte, tenemos a escritoras como Yu Miri, autora japonesa de origen coreano que nos abren los ojos y nos cuenta que hay otro mundo posible, o escritores como Tettyo Saito que gracias a la tecnología fue capaz de aprender y escribir en rumano. Pero ¿cuál es el compromiso público de Japón con la diversidad cultural?
Pues, parece que poco, si tenemos en cuenta que es de los pocos países junto a Estados Unidos, Israel y Rusia que no ha depositado sus instrumentos de ratificación de la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, convención a la que dice defender. No parece haber discusión de que todos quieren apoyar la diversidad cultural (nadie quiere ser un ogro) pero no hay acuerdo en el cómo. En especial, cuando hablamos de libre comercio.
Ratificar tampoco garantiza nada, visto que dentro de esa lista de 158 países supuestamente comprometidos con la diversidad cultural está China, un país con un escaso historial democrático, como deja constancia, por ejemplo, el excelente y conmovedor libro de Tahir Hamut Izgil, Vendrán a detenerme a medianoche (Libros del Asteroide, 2023) poeta uigur exiliado en Estados Unidos[6].
No se trata de que la diversidad cultural sea un lujo, es que la pérdida de diversidad cultural es un síntoma, quizás, de la erosión democrática de las instituciones. Como bien señala Mark Coeckelbergh en Why AI undermines democracy and what we can do about it (polity, 2023), parece haber una clara relación entre gobiernos autocráticos e IA, en la que también suelen vender esa tecnología a terceros países.
Los señoros en los grandes congresos
Camino, por Fudo Mae, Nakano, Ikebukuro. El sol atenuado del invierno me acaricia. Este país es tan bello que uno se olvida de todo esto. Es como si la misma belleza nos adormeciera un poco. Me llegan notificaciones de Twitter, se están mofando de Macron y de su protagonismo en la Cumbre. Los franceses son muy ingeniosos con estas cosas.
Se lo ve orgulloso en las fotos. Cree que está salvando al mundo. Sabe moverse. Junta sujeto y predicado. Sonríe.
Nunca sabremos si estos grandes encuentros sirven de algo. Me encuentro con un campo semántico que se repite en loop.
Hojas de ruta, simposio, borrador, declaración de intenciones, memorandun, acuerdo de mínimos.
España será anfitrión del próximo Mondiacult 2025 en el que se hablará de forma concreta de Inteligencia artificial y cultura. La UNESCO no habla explícitamente de IA en el documento sobre la diversidad cultural, aunque en 2019 incorporó una declaración de intenciones en torno a la diversidad cultural en el entorno digital[7].
Está por ver si países en manos de gobiernos libertarios acudirán a estos eventos que van totalmente en contra de sus principios. No me extrañaría que en los próximos meses Argentina abandonara la UNESCO, retirara sus instrumentos de ratificación o asistiera al mismo para despotricar sobre la diversidad cultural aprovechando para tensar aún más las relaciones con el país ibérico. En cualquier caso, preveo postureo de todas las partes. Mucha cena en grandes restaurantes, un paseo por la Rambla y una linda vuelta a casa.
Mientras los poderosos charlan un rato, seguirá habiendo gente recordando. Quizás sin ni siquiera ganas de susurrar porque su propia lengua es reprimida. Su alma, de alguna manera, también.
Desaparece la lengua y es que como si se esfumaran los individuos. Son cosas concretas las que pasan en el cuerpo. Unos desaparecen. Los otros, sobreviven, pero lo hacen con el cuerpo a cuestas. Con recuerdos y pesadillas.
Mientras aquellos señores de los grandes eventos, charlan.
¿Qué es eso
venido de tan lejos, de más allá de la bóveda del agua,
que sigue aquí conmigo y me acompaña?
¿Una débil promesa escrita en la neblina amarillenta,
La audacia apostada en una esquina,
o
capas de penumbra que van de mano en mano?[8]
(…)
[1] Para más información sobre esta iniciativa que aúna literatura e inteligencia artificial, no dejen de leer esta excelente entrevista a su creador aparecida en Jotdown, al poeta argentino Germán Gallo. Un ejemplo, claro de cómo la tecnología puede facilitar el acceso a la cultura.
[2] Recomiendo siempre este excelente libro para entender porqué un empresario decide que es mejor trabajar en una estructura jerárquica y monopólica que en el cambiante y caprichoso mundo del mercado. Oliver E. Williamson y Sidney G. Winter. La naturaleza de la empresa. FCE. 2009
[3] Macron acaba de anunciar, previo a la cumbre, una inversión de más de 109 millones de euros, en colaboración con el gobierno de Emiratos Árabes Unidos. Fuente: EFE
[4] Evento organizado en la Universidad de Tokio dentro del marco L’intelligence artificielle en debats, una serie de encuentros sostenidos por el Institut Français y la Embajada de Francia en Japón que tiene a Taiwán, Corea y Japón como sedes centrales de reunión de un panel de expertos japoneses, coreanos, taiwaneses y franceses que debatieron durante el año 2024 sobre diferentes aspectos de la inteligencia artificial. Para más información sobre esta iniciativa, consultar aquí
[5] Según el último Anuario del Instituto Cervantes, sobre la Inteligencia Artificial (p.159): “La base de datos utilizada por Google está formada por una gran variedad de casos de usos lingüísticos en más de 100 lenguas, entre las que destaca el inglés con el 78 %. El español ocupa la cuarta posición, detrás del alemán y el francés, con solo un 2,1 % (no cita la fuente concreta)
[6] Para más información en torno a cómo se está usando el big data y la inteligencia artificial con fines de vigilancia y represión en China con la población uigur, ver el informe China’s Algorithms of Repression.
[7] Implementation of the Convention in the Digital Environment. En el documento se plasman medidas concretas para salvaguardar la diversidad cultural en el entorno digital, entre ellas el respeto de la libertad de expresión, la no represión de lenguas y religiones y la no vigilancia a través de entornos digitales. En el año en el que se aprobó este documento, China intensificó sus mecanismos de represión y vigilancia en el entorno digital, como bien retrata el libro antes citado.
[8] Izgil, Tahir Hamut. Vendrán a detenerme a medianoche. Libros del Asteroide. 2023
Para leer más
- Una mirada ciudadana sobre la inteligencia artificial y la diversidad cultural
- Por qué adoro a las viejas sinvergüenzas
- ¿Estamos sobreexponiendo a nuestros niños en Internet en estos tiempos de confinamiento?
- El acoso y la pérdida de control de nuestros datos personales
- Privacidad, libertad de expresión y copyright: ¿cómo ordenamos las prioridades?
Impecable la argumnentación y la esplicación. Se aprende mucho.
gracias.