Algunas reflexiones en el día de la mujer sobre el machismo y el feminismo viviendo en Japón. Nos llenamos la boca criticando el rol de la mujer en Asia pero en Occidente no hemos avanzado mucho.
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Lo disruptivo de la paz y la guerra
En Japón no existe el día de la mujer. No se celebra en los colegios ni hay rastro de nada parecido. Hace unos días tuvieron algo así como el día de las chicas, que es una cosa simpática de muñecas bastante creepy y espantosa. Se llama Hina Matsuri. No se reivindica nada, solo se desea a las niñas que, entre otra cosas, hagan un buen matrimonio.
A mí son muñecas que, como los payasos, me dan mucho miedo. También me da algo entre risa y espanto el rollo de heredar la muñeca de un ancestro y luego tener que cuidarla. Hace tiempo conté que terminamos en un hotel bastante tenebroso en Nikko que estaba lleno de estas muñecas en vitrinas.
Solo traigo a colación esto para decir que acá en Japón no hay nada parecido a un encuentro por el día de la mujer. Al menos, nada que haya estado a mi alcance en estos ya casi tres años que llevamos por acá. Pero, en realidad, eso no es lo importante. Lo importante es todo lo que está sucediendo en el mundo, porque gracias a estos señores tan ocurrentes, que mandan en el mundo, mujeres, niños y muchos hombres están viviendo un infierno.
A veces camino por Musashi Koyama, por Oji o por Kitashinagawa, veo los cuervos volando hacia la bahía, o veo la gente comiendo en una barra unos ramen, los peces recién pescados en el mercado de Tsukiji y ese sol tan maravilloso, o la bruma en la isla de Miyajima, y pienso en los disruptivo de esta paz y la guerra tan cerca. Es como si esta belleza, la de los templos, la del idioma que no hablo, me anestesiara de todo aquello. Es una isla hipnótica que te deja medio atontada.
Pero luego paso por un konbini, leo los titulares del Japan Times, o googleo la prensa inglesa, española, argentina y uno vuelve a conectar con Occidente y todas sus mamandurrias.
La era de los señores
No son muchas las conclusiones que podemos sacar de este berenjenal, excepto algo que es muy claro. Estamos viviendo la gran era de los señores. Hay mucha gente, de izquierda y de derecha, a la que le erotiza esto del macho que pone orden porque sino “esto es un quilombo”. Es una idea muy atractiva porque simplifica mucho las cosas.
A veces critican Japón, Irán, Afganistán. Pero el machismo que se vive entre occidentales es incluso más preponderante, en determinados ámbitos, que en muchos países de los que algunos consideran «atrasados».
No hace falta leer a Elena Ferrante o a Natalia Guinzburg. Esto lo veo a diario. Machismo de europeos, latinos, americanos. Señores tipo Mad Men que van por el mundo con sus “vidas interesantes” mientras las mujeres hacen cookies en casa.
Dicen, oh qué progresista es mi gobierno, al mismo tiempo que sus mujeres están hablando de asuntos domésticos o ellos charlan de los grandes temas con sus colegas, hombres llenos de escalafones, antigüedad o títulos.
Y eso es 2026.
Siempre los mismos temas
A veces me dicen: “siempre hablas de lo mismo”. Y tienen razón. Quizás, sucede que el que tiene la piedra en el zapato se queja más que el que no la tiene.
Es curioso: es raro que los hombres hablen de machismo. Lo reconocen, pero no sienten que haya que hablar de ello. Es un tema que, en el mejor de los casos, les incomoda. O les parece tan obvio, que lo naturalizan.
Entonces, yo les diría. No es que piense mucho en el asunto: es que vosotros los hombres nos recordáis a cada momento y con sus actos, en qué posición están las mujeres. No es culpa de ustedes. De algo tienen que hablar, pero son los mismos temas, una y otra vez. En el que ni ellos se dan cuenta de que, en realidad, están hablando de machismo todo el rato.
Con sus anécdotas, con sus vivencias, nos recuerdan todo el rato la vida que ellos tienen y las que ellas no tienen. En este momento, estoy leyendo el libro de Al Alvarez, un excelente texto que recomiendo mucho: ¿Cómo es que todo salió bien? (Entropía, 2021) porque habla bastante sobre los entresijos del mundo literario. Es destacable no solo su talento para escribir, sino lo fácil que parece todo para los hombres, en ningún momento tiene que cuidar, dejar un trabajo por estar con la familia, hacer equilibrios de ningún tipo. Accede al mundo del trabajo a través de sus amistades. O más bien el mundo del trabajo se apoya en vínculos fuertes de amistad en donde hay pocas mujeres o ellas dan cenas o terminan algo desquiciadas. Es curioso, la mujer más importante de su libro, y quizás de su vida, es Sylvia Plath que termina suicidándose. Hay otra que queda ciega y el resto son bastante abnegadas y adorables. Lo ves moverse por el mundo, entablar vínculos profundos, reflexionar sobre arte, nunca la vida doméstica es un tema. Ese mismo universo “supuestamente interesante” y la conversación alrededor es lo que nos recuerda a muchas lo que ellos tienen y lo que muchas mujeres no.
Las enemigas del feminismo
También ellas, con sus actos nos lo recuerdan. Porque todavía hay mujeres machistas y feministas misóginas que hacen de policías de otras mujeres. Son las expertas en maternidad que critican a otras mujeres, o se meten con sus cuerpos o legislan lo que es una buena madre. Tampoco perdonan la belleza y la inteligencia. Son las mujeres que odian a las mujeres, en especial, a las amas de casa, a las que desprecian porque les parece que el trabajo doméstico no es trabajo. Yo les tengo bastante miedo y desconfianza a estas mujeres porque suelen ser bastante poco acogedoras con otras mujeres.
Una obsesión
Quizás es difícil olvidarse, porque es algo tan cotidiano el machismo, que una lo lleva a cuestas todo el rato. Yo solo me olvido del asunto cuando viajo y dejo atrás mi rol de madre y esposa.
En este sentido, el machismo no es algo que uno se olvida, como un proyecto penoso que comienza y termina. O un trabajo desagradable del que puedes escaquearte cuando sales de la oficina. Es la vida diaria. Son las palabras, los comentarios, la forma que tiene la sociedad de dirigirse a unas y a otros. Incluso el colegueo entre hombres y mujeres es diferente. Cada gesto es un recordatorio. Del lugar que ocupamos nosotras y el lugar que ocupan ellos.
En Japón esto está exacerbado.
La idea de la mujer abnegada
Hay otra corriente que se dice feminista, y es la de la mujer en la ciencia, la mujer en el trabajo, la mujer en la oficina. Son ideas preconcebidas sobre lo que debe ser una mujer. Se les pide a las niñas que destaquen, que ganen premios, que estudien.
Yo les diría: aprendan a ser felices. Aprendan a ser vividoras. Aprendan a no poner siempre la prioridad en cuidar a los otros. Aprendan el disfrute. Creo que es ahí donde debemos incidir las madres con nuestras hijas.
En este sentido, a veces son otras mujeres las peores enemigas de las mujeres. Por eso, mi única rebelión es el disfrute y la crítica. El humor, la ironía. El vivir la vida como mejor me parece sin bajar línea.
Hay esperanza
Aun así, existen hombres maravillosos por ahí que una encuentra en el camino que te hacen creer aun en el ser humano. Siempre me he rodeado de hombres diferentes, personas especiales, algo solitarios, algo frikis. Incluso hombres que se sienten incómodos en un mundo netamente masculino. He sido afortunada.
Pero, aun así, estoy cansada de vivir en un mundo en el que tengo que agradecer la suerte que tengo. Ojalá un mundo en el que los niños, las mujeres y los hombres no tengan que depender sus vidas, su trayectoria, su educación, sus ideales, de la fortuna o la mala suerte que han tenido por nacer en tal o cual país.
Yo pienso en toda esa gente que no ha tenido la suerte que he tenido yo. En aquellos rehenes de tiranos y sátrapas que se dicen salvadores.
Y pienso, ojalá un mundo en donde la suerte no sea tan importante.
Y mucha más poesía.
Les dejo estos versos de Sholeh Wolpé. Porque entre tanto viajar y vivir fuera, uno ya no sabe cual es la propia lengua. Buscamos todo el rato un lenguaje universal, quizás las miradas, los gestos. O la pérdida.
CUENTA II[1]
La pérdida es una lengua
que todos hablamos bien,
un gemido que resuena
entre las costillas, la desdicha
que se convierte en dicha.
[1] Wolpé, S. (2025). Ábaco de la pérdida: Memorias en verso (C. Oproae, trad.). Madrid: Visor Libros.
maravillosamente pensado y escrito
gracias.