Primer día de la madre en Japón. No se me ocurre mejor ocasión para comentar el último libro de Helen Hester y Nick Srnicek sobre el mundo del trabajo no pago. En realidad, más que comentar, comparto postales de la vida diaria como madre y reflexiones que dispara el libro. Disfruten.
Tabla de contenidos
Las madres en Japón
No hay tantos cambios en mi vida como madre desde que vine de España. Pero sí hay un asunto significativo que es tema de conversación: mis alacenas suelen estar vacías. Cocino mucho menos desde que estoy acá. Hay un tema logístico y es que no está pensada esta vida para compras grandes. No es práctico cargar, congelar, planificar. Todo eso lleva tiempo. No es eficiente que este trabajo repetitivo y cotidiano se haga de forma individual. Helen Hester habla de la cocina comunal. Veo esta idea interesante. Es mucho más barato y eficiente alguien cocinando para varios. Es la idea detrás de los bentos y las casas de comida de menú. Nadie hace sushi en su casa en el día a día. No hay tiempo. Algunas madres me preguntan qué le doy de snack a mi pequeño. Otras madrugan para cocinar los bentos de sus niños. Evidentemente, no cumplo con ningun standard ni asiático ni europeo de maternidad. Solo cocino las cenas de mis hijos. Lo mejor de estas charlas de madres abnegadas es que parece que son felices. En los países latinos no cambia la cosa, quizás hay una abuela cocinando para la familia.
El concepto de trabajo, a examen
Por supuesto, mi pequeño odia que trabaje. Bueno, cuando hablamos de esto, me refiero a que trabaje en algo que NO sea limpiar, cocinar o cuidarlo a él, que también es trabajo. No le importa que su padre lo haga, pero su madre es diferente porque sabe que cuando estoy en el ordenador estoy medio en otra. Creo que intuye mi libertad. No lo culpo. En el hecho de cuidar, que él ve como un NO trabajo, piensa que hay un componente de amor. Y es verdad, pero también está el ingrediente de la obligación y la pérdida de libertad.
De mi hija, creo que admira a esas madres de flequillos y buena masa corporal que cocinan cookies y van a los partidos de soccer. También le gustan las madres que van a los parques de atracciones, que disfrutan con los bares temáticos y llevan a sus hijas a hacerse las uñas a un spa. Lo que no sabe mi hija es que quizás esas madres, le leen el diario íntimo a las hijas, les revisan el móvil o andan controlando qué dicen sus amigos.
A veces ella se ríe y dice que nació en la familia equivocada. Yo también sonrío y pienso que qué culpa tiene de vivir en la casa de las alacenas vacías.

Mamá, peinate, me dice mi hija. Anhela las alacenas llenas, las cookies de las girl scouts y las visitas al cat café. Nació en la familia equivocada.
Madres y padres en Japón
En Japón cada vez se ve a más padres cuidando. Eso es verdad pero siguen siendo ellas las que dejan sus trabajos fuera de casa. Siguen siendo ellos los que sugieren a sus chicas que no trabajen. Ya me ocupo yo, dicen.
Yo alucino con los baños de las administraciones públicas y oficinas, las comodidades para dar de mamar, los artilugios, las mochilas para el cargar el bebé. Todo parece conspirar para que la maternidad sea cómoda (los japoneses son los reyes de la comodidad).
Las guarderías son otro lugar de cuidado colectivo que son públicas y gratuitas. Esto también se plantea en el libro. Lugares de producción de servicios que son más eficientes si hay algo de economía de escala. Sin embargo, yo siempre veo a las madres que van con sus vestidos largos y oscuros a buscar a sus pequeños. Así las veo, prolijas y planchadas a buscar a sus retoños con sombreritos en la cabeza. Me maravilla esa perfección. Helen Hester habla también del aumento en los estándares de limpieza en las casas. En Japón esto está llevado al extremo. Aumenta la tecnología en el hogar pero no disminuye la cantidad de horas dedicadas al cuidado del hogar. Los números no mienten. Ellas son las guardianas de la limpieza. Ellos, los padres no pueden encargarse de eso, deben estar en la oficina largas horas.
A veces me encuentro envuelta en charlas sobre la limpieza de las cosas. Nada me preocupa menos. Creo que la gente que limpia mucho no es feliz. La razón es que no existe la limpieza perfecta. Ya el mismo concepto encierra una derrota. La limpieza es siempre un fracaso. Si lo pensás bien, todas las tareas de cuidado son un drama no resuelto, de eso también se habla en el libro. Tareas que nunca acaban. Como la burocracia, la hospitalidad. Lo pendiente. Este es un tema que me obsesiona.
Del otro lado, tenemos el trabajo asalariado. No necesariamente son más productivos los trabajadores de oficina, pero tienen la fortuna de ganar un sueldo y parece que es facil medir su contribución. Una madre que hace bentos, busca a sus hijos, limpia, no es de interés para los economistas. Son invisibles para el sistema.

Lo mejor del libro son las notas al pie, la bibliografía y el índice analítico.
El tiempo libre de unos y otros
Así como hay diferentes tipos de trabajo, los pagados y los no pagados, también hay diversas formas de tiempo libre, segun quien lo ejerza. Los autores saben de lo que hablan: acaban de ser padres. El tiempo libre del que cuida es diferente. Hay interrupciones y muchos tiempos muertos, porque siempre el cuidador está controlando horarios, salidas del cole, mochilas, virus repentinos. No se aleja demasiado porque lo pueden llamar. Es como el médico de guardia. Se es cuidador hasta cuando no se cuida porque su tarea principal es estar disponible. Los autores constatan y miden el tiempo de ocio de unos y otros. Y hasta en eso hay diferencias. La madre que trabaja mientras los niños están de fondo o que disfruta de su ocio mientras ellos están cerca, está desarrollando una actividad económica que el mercado no valida. Cuidan, pero para la sociedad eso es ocio.
Nunca el verano está resuelto
Se acerca el fin del curso y solo pensarlo ya entro en pánico. Es un asunto sin solución porque cada año se repite y es desgastante. No es solo la falta de rutina, es el consumo desproporcionado, el gasto, el desorden en general. No veo nada bueno en esto de viajar y menos con niños. A ellos se los ve menos felices. Ellos te dicen que quieren vacaciones pero luego están de mejor humor durante el año. ¿Cómo puede ser que pidan algo que no los hace del todo felices? A mí me sorprende ese juego de la mente. Creo que anhelan la idea del verano, lo que ello supone. Lo mismo pasa con los adultos.
Uno se supone que deja de trabajar y se vuelca en ese otro trabajo que nadie quiere hacer. Y no me vengan con «me encanta estar con mi hijo». No se trata de lo que nos guste o no. Se trata de si reconocemos algunas actividades como trabajo, o no. Y si la sociedad está preparada para reconocer ese trabajo y mejorar la desigualdad existente en el mercado y las familias.
Otra vez los autores nos recuerdan lo que ya sospechábamos: los trabajos del futuro no estarán en la programación, estarán en los cuidados. El libro muestra los sectores con mayor crecimiento económico en los próximos años: encabeza la lista los cuidados en el hogar, la cocina y la elaboración de fast food. Es precisamente en Japón uno de los sectores en crecimiento para los inmigrantes: elaboración de bentos. Los autores se refieren a Estados Unidos, habrá que ver qué está pasando en otros países. Las cifras en base a datos del Banco Mundial muestran que los cuidados parecen ser el único sector productivo que no para de crecer.
Muchos sectores serán automatizados, ya lo sabemos, pero no faltará trabajos. El asunto es qué trabajos no faltarán: cuidar niños, ancianos, cocinar. Los trabajos que no desaparecerán serán aquellos a los que haya que ponerle el cuerpo.
Ya hablé hace tiempo sobre la ausencia del cuerpo no solo del análisis económico sino de la literatura escrita por hombres. Ya decía Virginia Woolf:
Podríamos leer las vidas de todos los ministros del Gabinete que han sido desde la coronación de la reina Victoria sin caer en la cuenta de que tenían un cuerpo.(2)
Las tareas que se hacen con el cuerpo requieren algo más intangible, que un robot no puede suplir. ¿Es cariño? Yo no lo sé, quizás años de mandato. Años de cultura que, como una mochila, pesa. Varios estudios de economía feminista se han encargado de analizar las razones de porqué algunos seres humanos cuidan. El factor cultural sigue siendo determinante.
Mientras escribo, estoy preparando unas trufas con el pequeño, estoy presente. En mi mente estoy pensando en el artículo sobre el nacimiento del Mar rojo que estoy editando para Gondwana. Aparentemente no hago nada prestigioso. Las trufas y el cuidado no aparecen por ningun lado. No hago nada. La cuenta satélite enmudece.
Solo estoy disponible. Eso también es un trabajo.
(1) Hester y Srnicek. A history of the home and the fight of free time. Verso. 2023 (en español lo edita Caja negra)
(2) Woolf, Virginia. Horas en la biblioteca. Seix Barral. 2016
Para leer más
- Cansada de tener suerte: ser mujer en Japón
- Ser madre en Japón
- ¡Salven a las mujeres!
- Economía feminista: una mirada literaria
- Mud Murch: las mujeres que caminaban en el barro
muy bueno!!!! me encantó
¡Gracias Martina!